22. El paso occidental del Pirineo y el iter XXXIV

Tanto por la importancia que la historiografía ha concedido al estudio de la red viaria romana como por la transcendencia histórica que entraña el paso más occidental del Pirineo, el trazado exacto de lo que se conoce como iter XXXIV en el tramo comprendido entre Pompelo e Immus Pyrenaeus ha dado lugar a una abundante bibliografía. En este extenso recorrido bibliográfico las investigaciones arqueológicas llevadas a cabo por la Sociedad de Ciencias Aranzadi a partir de 2011 marcan un punto de inflexión. El hallazgo de seis miliarios in situ, la identificación de diferentes estructuras viarias y la excavación de nuevos yacimientos inauguran una nueva etapa en el conocimiento de las calzadas romanas en el área occidental de los Pirineos.

La novedad no solo viene del lado de los propios hallazgos arqueológicos sino de la ubicación geográfica de los mismos, localizados en su mayoría en áreas que habían sido objeto de escaso interés por parte de los historiadores. Como planteara Julio Altadill hace casi un siglo sin la atención merecida había indicios significativos para intuir la existencia de una calzada romana que se sirviera de de los ríos Urrobi e Irati en su tramo inferior.

Con el conocimiento detallado de la orografía e hidrografía de los valles de Aezcoa, Salazar y Arce, entiendo que la cuenca del río Urrobi (y no la del Erro ni la del Irati en su alta región) debió ser el guía impuesto por la naturaleza a quienes trazaran este camino, hasta poco antes de Aoiz; y desde este punto a Lumbier, la orilla del Irati continuando hasta Rocaforte.

Actualmente tras la mencionada investigación es posible asegurar la existencia del camino que de forma intuitiva y con una sorprendente precisión esbozara Altadill. El tramo estudiado parte de las proximidades del yacimiento de Campo Real-Fillera, (a menos de 5 km de Rocaforte) hipotético núcleo emisor de los denarios ibéricos con el rótulo arsaos, tal vez conocida como Arsi en época romana. Desde allí la calzada alcanza el curso bajo del Irati para dirigirse a Lumbier, tradicionalmente identificada con los Ilumberitani, en cuyas inmediaciones se han hallado los restos de varias villas romanas. Siguiendo con el río Irati como guía la calzada atraviesa la cuenca de Aoiz-Lumbier hasta el poblado prerromano de Iturrotz desde donde remontando previamente el arroyo Gurpegi alcanzar el cauce del Urrobi.

Es en este tramo que transcurre junto al río Urrobi dónde se han producido los hallazgos más relevantes. No solo por la aparición de elementos estrechamente vinculados a las estructuras viarias romanas como son lo cuatro miliarios aparecidos in situ, sino por la identificación de dos asentamientos romanos. El más novedoso se encuentra en el Señorío de Arce-Artzi donde las primeras intervenciones arqueológicas han puesto al descubierto los restos de una habitación en forma de ábside y un hipocausto. La entidad del emplazamiento es por el momento desconocida, por otra parte desafortunadamente el nuevo trazado de la carretera que salva las zonas inundadas por el polémico embalse de Itoiz se asienta sobre el yacimiento sepultando una parte importante del mismo. Al norte una vez superados los miliarios de Zandueta y Mugarriluze se ha podido ampliar el conocimiento de la ya conocida presencia romana en Espinal-Aurizberri con la identificación de un asentamiento en torno a la cazada romana en el lugar conocido como Zaldua. Finalmente excavaciones en el área del antiguo hospital medieval de San Salvador de Ibañeta permitieron sacar a la luz dos nuevos miliarios que se añaden a los restos romanos ya conocidos previamente en la zona de entre los que el más destacado era un altar dedicado al Sol Invicto.

Las novedades no se ciñen únicamente al periodo romano. El conocimiento de la protohistoria de estos valles pirenaicos se ha ampliando de forma significativa con la identificación de un importante número de túmulos, cromlechs y poblados prerromanos. Igualmente destacable es el hallazgo de artefactos de interés para la investigación como es la presencia continuada de fragmentos de brazaletes de vidrio datados entre los siglos III y I a.C. Habida cuenta de su origen norpirenaico su presencia permite suponer que la calzada romana siguió una ruta comercial activa al menos desde la Segunda Edad del Hierro. Recordemos que existe un tipo de moneda aquitana conocido por sus características incisiones como «type au Y» cuyos hallazgos se han producido en torno a la zona de Itxassou y Cambo-les-Bains —al norte del Pirineo— y en la cuenca de Aoiz-Lumbier, lo que permite intuir su circulación por esta misma vía. No se señalan en el mapa pues su conocimiento procede de búsquedas clandestinas por lo que su origen exacto se desconoce.

Concluido este somero repaso es inevitable cuestionarse sobre cómo encuentra acomodo la nueva visión que hoy tenemos de esta región del Pirineo dentro de la tradición historiográfica. Como mencionábamos al inicio de esta entrada el paso occidental de los Pirineos ha sido objeto de una larga discusión en torno a la identificación del trazado de la calzada y la localización de las ciudades o mansiones situadas a su paso. Resulta por tanto ineludible confrontar los nuevos elementos aportados por la arqueología con la información conocida en las fuentes grecolatinas. En resumen y de modo directo surge una pregunta: ¿Estamos ante un tramo del iter XXXIV?

Se conoce como iter XXXIV la calzada que según el Itinerario de Antonino (455, 6) unía Asturica Augusta (Astorga) con Burdigala (Burdeos). Con una extensión de 421 millas en su último tercio llegaba a Pompelo desde donde la calzada pasaba por Turissam, Summum Pyrenaeum, Imum Pyrenaeum, Carasam, Aquas Tarbellicas y cuatro mansiones más antes de alcanzar Burdigala. La opinión mayoritaria venía asumiendo que el acceso al Pirineo desde Pompelo se habría producido por el mismo trazado que sigue el histórico Camino de Santiago. Es decir, remontando el Arga hasta Zubiri desde donde la calzada abandonaría este curso fluvial para en dirección NE dirigirse a Roncesvalles y salvar los Pirineos por Ibañeta. Por tanto al menos en el tramo más puramente pirenaico, desde Zaldua hacia el norte, la historiografía no pondría reparos en admitir que el tazado descubierto por la Sociedad de Ciencias Aranzadi se corresponde con un segmento del iter XXXIV. El problema reside en la interpretación del resto del trayecto.

Pocos años antes de que Martínez Txoperena y Zubiría dieran a conocer el trazado de esta calzada Isaac Moreno Gallo había publicado los resultados de una investigación similar que complementa su trayecto pues da continuidad a esta misma vía prolongándola hasta Caesar Augusta. Desde esta perspectiva la calzada no necesita de ningún acomodo a lo recogido por las fuentes literarias. Su sentido parece evidente como la vía más corta y menos abrupta de comunicar Caesar Augusta con Aquitania y las Galias. Por otra parte no puede descartarse que este trazado comprenda segmentos de otras calzadas mencionadas por las fuentes literarias como bien puede ser el caso de la vía que según Estrabón (III, 4, 10) unía Tarraco con Oiarso, al menos entre Campo Real-Fillera e Iturrotz.

No obstante la relación entre parte de esta nueva calzada y el iter XXXIV no puede desecharse ya que ciertos aspectos concuerdan mejor con lo referido por el Itinerario de Antonino que el recorrido que de forma mayoritaria veníamos asumiendo. Si bien es cierto que pueden producirse nuevos hallazgos que corroboren la existencia de una antigua calzada en torno al Camino de Santiago esta hipótesis encuentra algunas dificultades ya señaladas por la historiografía especializada. El primer problema reside en la disparidad de distancias. El Itinerario de Antonino cifra el trayecto existente entre Pompelo y Summus Pyrenaeus en un total de 40 millas, lo que supone 59,2 km, muy por encina de los 42 km necesarios para recorrer por la actual N-135 —en sentido inverso a la ruta jacobea— el espacio que separa Pamplona del alto de Ibañeta. A este problema se suma la localización de Turissa (Iturissa) que el iter XXXIV sitúa a 22 millas (32,6 km) de Pompelo y a 18 millas (26,6 km) de Summus Pyrenaeus. Desde que a partir de mediados de los años 80 del siglo XX se produjeran las primeras campañas arqueológicas en el término de Espinal-Aurizberri —necrópolis de Otegi y Ateabaltsa, hoy ampliadas a las intervenciones en Zaldua— se ha generalizado la identificación de estos restos con la pólis de Iturissa. Sin embargo este emplazamiento se sitúa a poco más de 5 km del alto de Ibañeta cuando según el Itinerarium Antonini Augusti la distancia existente entre Turissa y Summus Pyrenaeus, era muy superior, 18 millas (26,6 km). Obviamente esta disparidad bien pudiera deberse a un error pero conviene evitar una salida demasiado fácil. La localización geográfica que se desprende de las coordenadas recogidas por Ptolomeo para Iturissa ofrecen una imagen muy similar, con Iturissa no junto al Pirineo sino en una posición intermedia entre Pamplona y los Pirineos.

Sin llegar a solucionar todos estos problemas la vía por el Urrobi muestra aspectos relevantes para la comparación con el recorrido del iter XXXIV. Dejando a un lado el tramo que transcurre a lo largo del Irati el interés se centra en el poblado de Iturrotz, punto en el que presumiblemente se encontraría una bifurcación que permitiría la comunicación con Pompelo. Hacia el norte conocemos el trazado de la vía, lo que nos permite calcular su longitud en unos 39 km hasta Ibañeta. Siendo desconocido el recorrido hasta Pompelo solamente podemos hacer una estimación aproximada a partir de la distancia existente entre Pamplona e Iturrotz, 26,7 km. La suma de ambas distancias, 65,6 km se aproxima más a los 59,2 km, —40 millas según el Itinerario de Antonino— que los 42 km comprendidos entre Pamplona e Ibañeta por el Camino de Santiago. Por otra parte la vía del Urrobi abre nuevos interrogantes en relación con la localización de Iturissa para la que podrían explorarse hipótesis alternativas tal y como puede verse en el siguiente gráfico.

Evidentemente no es este el lugar para solucionar los complejos problemas que plantean toda esta serie de datos ni para dar o quitar la razón a unos u otros investigadores. Nuevos estudios y próximas campañas arqueológicas ampliarán el conocimiento necesario para ir despejando las dudas y con ellas vendrán también, inevitablemente, nuevos problemas e interrogantes.

Excavaciones en la terma romana del valle de Arce (@aranzadi)

bibliografía

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