Del ager y el saltus vasconum

Probablemente uno de los aspectos más conocidos en relación con el conocimiento general de los vascones sea el que corresponde con una división de su territorio en dos mitades, una al norte, con la denominación de saltus, y otra al sur, conocida como ager. Una partición asociada a toda una serie de factores geográficos, culturales, sociales, económicos e históricos que en líneas generales ofrecen una diferenciación nítida de ambas regiones. Esta visión con amplio eco en la historiografía de la segunda mitad del siglo XX y que ha transcendido más allá de la historiografía especializada y en definitiva en ese conocimiento general que sobre los vascones puede tener hoy cualquier aficionado a la Historia Antigua cuenta en los últimos años con revisiones críticas que cuestionan su validez (recientemente: Jordán Lorenzo, Á.A., «Reflexiones sobre la adscripción étnica de Calagurri a la luz de las últimas investigaciones», Kalakorikos, 16, 2011, págs. 161-184, 167-168. Véase también: Santos Yanguas, J., «¿Todavía saltus frente a ager en territorio vascón?», Boletín Arkeolan, 15, 2008, págs: 165-171 y Urteaga, M., «El Vasconum saltus y Oiasso», Boletín Arkeolan, 15, 2008, págs: 171-184).

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Lo que aquí exponemos no es más que una visión general de las fuentes sobre las que se sostiene este planteamiento, ubicándonos, lo adelantamos ya, en las posiciones críticas con la lectura tradicional. Esta tesis tiene su origen en la interpretación que Julio Caro Baroja hiciera de las fuentes literarias relativas a los vascones. Aunque son varias las obras en las que Caro Baroja alude a la partición del territorio vascónico en ager y saltus, uno de los más ilustrativos en cuanto a lo que entraña su interpretación es el que se encuentra en «¿Quénes fueron los vascones?», Etnografía histórica de Navarra I. Pamplona 1971, págs. 27-49. (Utilizamos aquí el texto reeditado en Quince estudios etnográficos navarros. Pamplona 2003, págs. 19-47, 38-39).

Los escritores clásicos nos dividen su territorio en dos grandes zonas, que son de significado económico completamente distinto; significado con largo alcance en la historia posterior: al Sur hallamos el «ager» (Liv. 91), al Norte el «saltus» (Plin. N.H. IV 20; Aus. Ep. XXIX, 50-52 y San Paulino, Ep. X, 202-220).

El territorio meridional de los «vascones», que aparece mencionado ya como campo de operaciones importantes durante la guerra sertoriana, en el invierno de los años 77-76 a. de J.C.; parece por los textos que se refieren a ella, que era un territorio cultivado, en el que debió desarrollarse la agricultura cerealista: es el «ager Vasconum» al que hubo de ir algún general romano en sus campañas, Ebro arriba, para buscar alimento básico para sus tropas «frumenti gratia» (Sall. III 93).

La parte septentrional, en cambio, está caracterizada como un «saltus» es decir, un bosque, desde el siglo I al V de J.C. En efecto, del «Vasconum saltus» hacen referencia Plinio y Ausonio y éste como tierra temible, en la que ya se daban signos de inquietud. «Ager» y «saltus» desempeñan papeles permanentes en la historia de Navarra y hoy podemos afirmar que siguen siendo los dos componentes, distintos también, sobre lo que hemos de construir un futuro económico, aunque el «ager» tiene siempre un desarrollo distinto al del «saltus».

Como puede comprobarse de las referencias aducidas por Caro Baroja la división del territorio de los vascones en dos partes no es expuesta de manera explícita por las fuentes literarias antiguas sino que es deducida a partir de tres documentos distintos. Distintos no sólo por el mero hecho de corresponder a tres autores sino por ser bien diferentes en cuanto al género, motivaciones y características generales de las mismas. Así tendríamos que el ager sería mencionado por Tito Livio (contemporáneo de Augusto) en una obra histórica, y el saltus en dos relatos también diferentes, una descripción geográfica inserta en una obra enciclopédica como la Historia Natural de Plinio (mediados del siglo I d.C.) y una obra de carácter epistolar como es la correspondencia mantenida entre Ausonio y Paulino de Nola (finales del siglo IV).

Es decir, que pese a la consideración por parte de Julio Caro Baroja de que las fuentes antiguas observaron una clara división geográfica del territorio de los vascones esta no se recoge de manera expresa por ningún relato referente a esta etnia. Sí existen, no obstante, alusiones al ager Vasconum y al saltus Vasconum que exponemos a continuación.

La primera de ellas corresponde a la mención que Livio hace del ager Vasconum. Esta referencia se encuentra en el relato de la campaña de Sertorio en el valle del Ebro a inicios del año 76 a.C. El objetivo de Sertorio se centra en neutralizar las fuerzas prosenatoriales del territorio dirigiéndose concretamente contra los Berones desde Calagurris, donde había definido estrategias y ordenado diferentes acciones a sus lugartenientes. Dadas las ordenes Sertorio se dirige al territorio de los Berones desde Calagurris.

Dimissis iis ipse profectus, per Vasconum agrum ducto exercitu in confinio Beronum possuit castra.

La referencia efectivamente hace alusión al ager Vasconum cuya traducción (según J. A. Villar Vidal) sería la siguiente: «Tras despedirlos a ellos [los prefectos] partió también él, y después de llevar su ejército a través del territorio de los vascones instaló el campamento en una zona colindante con los berones.» Contamos pues con la cita en cuestión pero queda pendiente la interpretación de la misma, a qué alude Livio en su mención del ager Vasconum.

Julio Caro Baroja interpreta la expresión en el sentido de campo de cultivo en oposición a un territorio septentrional selvático. Sin embargo Livio —cuya obra queda lejos de mostrar interés por la geografía en un sentido general y particularmente para detalles tan precisos como este—, se limita a referirse al ager Vasconum en el sentido de tierra, territorio, país. La expresión es habitual a lo largo de todo el relato de Ab urbe condita, sin ánimo de ser exhaustivos y centrando la atención en los casos geográficamente más próximos pueden citarse ejemplos como agrum Suessetanum Sedetanumque, in Sedetanum agrum, per agrum Ausetanum, in agrum Ilergetum Ausetanorumque. En definitiva nos encontramos ante una referencia al territorio de una etnia en un sentido general sin precisión alguna sobre las características geográficas, económicas o culturales del mismo.

Trasladando ya la atención a las referencias relativas al saltus Vasconum, la primera cronológicamente corresponde a Plinio y se encuentra en relación con la descripción de la costa del Océano desde los Pirineos.

A Pyrenaei promunturio Hispania incipit, angustior non Gallia modo, verum etiam semet ipsa, ut diximus, inmesnum quantum hinc oceano, illinc Hiberico mari comprimentibus. ipsa Pyrenaei iuga ab exortu aequinoctiali in occasum brumalem breviores quam latere meridiano Hispanias faciunt. proxima ora citerioris est eiusdemque Tarraconensis situs. a Pyrenaeo per oceanum Vasconum saltus, Oiarso, Vardulorum oppida, Morogi, Menosca, Vesperies, Amanum portus, ubi nunc Flaviobrica colonia.

Que A. Fontán y A. Mª. Moure traducen como sigue: «La costa más cercana es la de la Hispania Citerior y concretamente su franja Tarraconense. Desde el Pirineo por el Océano se encuentran los bosques de los váscones, Oyarsón, las poblaciones de los várdulos, los morogos, Menosca, Vesperies y el Puerto Amano, donde ahora está la colonia Flavióbriga».

Nuevamente el problema reside en la interpretación del texto. Julio Caro Baroja ve en la referencia una alusión a toda una región del territorio de los vascones precisando en ocasiones su extensión, entre Pamplona y la costa, o la zona montañosa que va de la costa en el entorno de Oiartzun hasta Jaca. Sin embargo Plinio se limita a hacer una alusión general a un espacio que ubica en la costa sin mención alguna sobre una hipotética extensión hacia el interior, refiriéndose muy probablemente al territorio, montañoso y minero, de la ciudad de Oiarso, cuya propia etimología (cf. vasc. oihar, ‘bosque’, ‘escabroso’) coincide con el sentido de saltus.

Queda finalmente por presentar el último texto que hace alusión al saltus Vasconum (Vasconei saltus/ Vasconicus saltus). Con diferentes menciones en la correspondencia mantenida entre Ausonio y Paulino (reproducimos el texto citado por Julio Caro Baroja en «Materiales para una historia de la lengua vasca en su relación con la latina», Nosotros los vascos I, San Sebastián 1995, págs. 241-330, 298-299).

¿Has cambiado, pues, tus dulcísimas costumbres, amado Paulino? ¡He aquí lo que han producido los bosques de Vasconia y las nevadas mansiones del Pirineo y el olvido de nuestro cielo!

A lo que Paulino responde:

¿Por qué me hablas con reproche de los vastos bosques de Vasconia y de las nevadas mansiones pirenaicas? ¡Diríase que vivo en los umbrales de las regiones hispanas y que no tengo en campos o en ciudad una propiedad mía, que vivo sobre las playas opulentas, abiertas en los confines del mundo y desde las que España ve a los soles sumergirse en la onda! Pero aunque la fortuna hubiera querido que habitara guaridas de ladrones, yo no me he endurecido bajo sus bárbaras techumbres, ni me he unido a estos compañeros de vida al punto de asociarme a sus salvajes instintos. Un alma pura es inaccesible al mal, y las máculas no se adhieren a sus pulidas fibras. Así, el que en los bosques de Vasconia lleva una vida pura, íntegra y justa rodeado de malvados, nada retiene del contacto con sus bárbaros huéspedes. ¿Más por qué se me lanza como acusación el nombre de este bárbaro país, a mí, que, hoy como ayer, vivo en diversos lugares, vecinos de ciudades soberbias, rientes poblados y cultivados por el hombre? Si viviese en tierras de Vasconia, ¿por qué aquella raza sin civilización no se había de formar según mi ejemplo y renunciar a sus salvajes costumbres para adoptar las mías?

Los problemas de interpretación nos devuelven a la misma cuestión. Ausonio y Paulino se refieren en un sentido general a un espacio boscoso ubicado en el territorio de los vascones. Sin embargo en modo alguno se establece una oposición con otra región del mismo territorio que se caracterice por su vida urbana y agrícola tal y como estableciera con notable seguimiento en la historiografía Julio Caro Baroja. En definitiva la articulación del territorio vascónico según la oposición ager/saltus viene a suponer una proyección sobre el pasado de esquemas contemporáneos que resultan bien evidentes en las propias palabras de Caro Baroja: «”Ager” y “saltus” desempeñan papeles permanentes en la historia de Navarra y hoy podemos afirmar que siguen siendo los dos componentes, distintos también, sobre lo que hemos de construir un futuro económico, aunque el «ager» tiene siempre un desarrollo distinto al del “saltus”».

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